En el mes más activo de la temporada de remates de arte se registraron en Buenos Aires ventas de arte argentino por 1,7 millones de dólares. Buenas perspectivas de cierre para un año que comenzó bajo el signo de la crisis.
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En el último trimestre suelen definirse los números del año, y todo indica que la temporada local de subastas de arte habrá de cerrar a tono con la realidad internacional, que marca un descenso del 30% en términos de volumen de ventas.
Ya en los tramos definitorios de la temporada de subastas, y con una demanda que sigue estable en sus expresiones ante las tarimas, todo el esfuerzo de los operadores debe centrarse en conformar una oferta adecuada en cantidad y en calidad.
El cierre de la temporada 2008 nos regaló un balance de mínimos tonos rojos. Pero para las subastas del año que comenzamos a transitar no se vislumbra otro final que el que la situación económica y política nos permite imaginar.
Aunque se manifiesta en forma muy selectiva, la demanda asume todo el mérito de la razonable marcha de un mercado que, ante la difícil situación en la que se desenvuelve la economía en general, está exigiendo alguna renovación a los operadores.
En un año en el que sobreabundan las condiciones conflictivas, las subastas de arte han comenzado a transitar la temporada con más entusiasmo que concreciones. Resulta positiva la actitud de los operadores, que no bajan los brazos. Exceso de prudencia por el lado de la oferta, que no presenta a la demanda el nivel de calidad y la justeza en la tasación que ésta exige.
Pese a que el mercado del arte, como todos los ámbitos económicos, transita por la crisis, en el día a día se siguen concretando buenos negocios. La relación entre una obra de real calidad y una demanda que no abdica de sus aspiraciones puede culminar incluso en record.
Con la venta del 56% de las obras de escuela argentina que integraron las recientes subastas de Manhattan el arte de nuestro país superó más que dignamente una situación que se estimaba muy crítica.
A pesar de los obvios inconvenientes que surgen de la situación económica internacional, acentuadas en el ámbito local, en el mercado del arte sigue actuando una demanda firme, aunque con creciente selectividad. La crisis afecta más al sector de la oferta, que retiene sus mejores obras a la espera de un marco más favorable para su realización.
En medio de la conmoción global provocada por la crisis financiera y las
ya habituales y pintorescas vicisitudes locales, el mercado del arte soportó
con firmeza el clima desfavorable a las inversiones.
