Inmersos en esta voraz contemporaneidad que nos toca vivir, 2009 pasó como una ráfaga y una vez más, nos dejamos sorprender por la llegada de diciembre. Un diciembre muy particular ya que marca el final de la primera década de siglo XXI. Parece que fue ayer cuando celebrábamos la llegada del 2000 y ahora nos disponemos a celebrar nuestros primeros doscientos años de Nación. Una Nación que a veces duele porque aún estamos lejos del ideal que soñamos para nuestros hijos.
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Llegó noviembre y, con él, el ritmo vertiginoso del último trimestre del año. La quinta edición de Buenos Aires Photo nos deja la agradable sensación de que vamos por buen camino, al menos, en el campo del arte. Recorrerla resulta estimulante, se percibe una energía contagiosa, una efervescencia que flota en el aire, producto de un entusiasmo genuino.
El reconocimiento y el homenaje a artistas como Enio Iommi y Luis Felipe Noé, la exitosa realización de la Semana del Arte y la expectativa de nuevos eventos, como Buenos Aires Photo y Expotrastiendas, renuevan las posibilidades del arte y la creatividad en tiempos difíciles.
Se siente. La primavera ya flota en el aire. La luz de la mañana es más diáfana y los primeros verdores tapizan los árboles. Y, a pesar de la incertidumbre que provoca el frío de la crisis con un desgobierno que prioriza solucionar temas del fútbol y no del hambre en un país con la riquezas naturales que tiene la Argentina, el arte es una brisa que acaricia el alma.
Y llegó agosto. Con frío, promesas de cambio que, por ahora, siguen en promesas; pandemia, inauguraciones postergadas y vacaciones obligadas. Pero sobre todo frío, mucho frío, viento y lluvias. Pero... aún en agosto el arte enciende su mecha ¡y todo lo transforma!
Finalmente llegó el día después. Un día típico de invierno pero no tan diferente al día anterior.
Mayo pasó como una ráfaga y, coincidiendo con las altas temperaturas producto del calentamiento global, arteBA logró un veranito en el mercado del arte local.
Hay silencios que significan ausencias, pero hay otros, como el de la tierra, que anuncian que hay algo nuevo que está por surgir. Este es el silencio de la creación.
Un banco sirve para sentarse; una rueda de bicicleta para desplazarse. Una rueda de bicicleta girando en el aire, sentada sobre un banco, no sirve para nada. A no ser que demos un giro en nuestro pensamiento y descubramos que es una obra estética y que puede ilustrar la portada de una publicación de arte.
Frente a un abismo un puente se convierte en una certeza y más allá de lo profundo que aquél sea, es obligación del ser humano imaginar y construir ese pasaje para llegar al otro lado y seguir avanzando hacia su destino.
Mientras la mañana se levanta más temprano y el sol juega a las escondidas con el viento, la tierra se despereza soñolienta para brotar con sus verdes más tiernos. Verde nuevo: ver de nuevo. Y de esto se trata, justamente, este tiempo que nos toca vivir.
